miércoles, 6 de agosto de 2014

Estrés: Nota a los Padres.





            En nuestra sociedad actual, el estrés se ha convertido en una variable constante entre las causas de todas las enfermedades, especialmente las cardiovasculares. Ese estrés intenso y sostenido al que también se le define como “distrés”, es el monstruo invisible que hace presa de todas las personas, pero que ataca sin piedad a quienes no saben combatirlo porque probablemente no aprendieron estrategias de afrontamiento siendo niños.  De tal manera, es importante saber que como padres, podemos potenciar o bloquear la capacidad de los hijos para enfrentar el estrés adecuadamente, considerando lo siguiente:

1. Modelo de acción:
            Si cuando el chico se cae la mamá reacciona agitada, corriendo y gritando y maneja la situación de manera dramática y con miedo; está enseñando al hijo a manejar las situaciones con sobreactuación y desespero. En la misma situación, otra mamá, después de analizar que es una caída ordinaria, puede simplemente mirar al niño y decirle cariñosamente “tranquilo, es un rasponcito, sigue jugando”, mientras le sacude las rodillas y lo invita a continuar correteando. Este niño aprende que puede caerse y levantarse sin que el fin del mundo lo espere en la esquina. Aprende que pasan cosas desagradables, las acepta y continúa concentrándose en otras actividades.
           
            Los padres que se quejan continuamente de una situación, muestran angustia repetidamente en lugar de buscar opciones de solución, que exponen negatividad ante los eventos y lamentan su suerte una y otra vez; además de la descarga emocional estresante que derraman sobre el pequeño, modelan un comportamiento incompetente de manejar conflictos e inducen las primeras dosis de ansiedad en el niño, que empezará a percibir al mundo como peligroso y amenazante. Por tanto es básico que los padres “modelen” la estrategia de afrontamiento a los problemas en los niños: analizando la situación y buscando diferentes opciones desde la calma. Principalmente, hay que estar convencidos que aunque a veces las cosas no son como nos gustaría, podemos seguir viviendo y adaptarnos a situaciones nuevas. Si no podemos conducirnos de esa manera, lo ideal es no reaccionar delante de los pequeños, para no modelar la angustia.
           
            2. El estímulo de experiencias bajo una supervisión activa y co-participativa.             Los padres deben permitir que el niño explore, experimente, se equivoque, ensaye, se frustre, llore. Los padres sobre-protectores impiden que el chico aprenda maneras de resolver pequeños problemas y se experimente a sí mismo desplegando sus capacidades.
           
            El niño que olvida su desayuno en casa, se enfrentará a la situación de pasar hambre o negociar con sus compañeros para compartir la comida. Ensayará entonces estrategias de aprender a pedir lo que necesita, se las ingeniará para lograr un intercambio, entre otras posibilidades. En el peor de los casos, si no consigue que alguien comparta con él, aprenderá a hacerse responsable de no olvidar nuevamente su desayuno. Pero si mamá o papá corren a llevarle cuanta cosa olvida en casa, eliminan la posibilidad que tiene de experimentar una situación que lo saca de su zona de confort y de buscar soluciones prácticas a su problema; ese niño erróneamente aprenderá que siempre habrá alguien que “resuelva” sus dificultades y como adulto no sabrá cómo asumir responsabilidades, resolver situaciones y sentirá frustración con gran compromiso de su autoestima. En resumen, resolver cada dificultad que enfrentan los hijos, no los hará más felices, pero sí más indefensos.

            Los padres deben permitir que el niño explore salir de su círculo de confort, desarrolle y ensaye habilidades para resolver conflictos, PERO esto no significa dejarlos solos, hay que propiciar un diálogo introspectivo con el niño cuando está atravesando dificultades o cuando ve situaciones conflictivas en el ambiente o la televisión. La pregunta estrella siempre será “¿CÓMO TE SIENTES?”, y así cualquier pregunta que estimule la capacidad de pensar por sí mismos como: ¿qué te parece a ti?, ¿te parece que fue apropiado lo que hizo esa persona?, ¿cómo crees que se sintió la otra persona?, ¿qué otra cosa se podría haber hecho?, ¿lo que pasó fue bueno o malo?, ¿cuáles son las consecuencias de lo que sucedió?. Si el niño no consigue dar respuestas adecuadas, socialmente ajustadas o ninguna respuesta concreta, entonces los padres intervienen asesorando al pequeño en un diálogo abierto, estimulante, sin juzgar y sin prejuicios.

            Mejor aún, hay un bono importantísimo. Al entrenar al niño desde muy pequeño a identificar emociones como: rabia, tristeza, miedo, alegría, amor y alternativas de respuesta ante una situación, se les provee de una excelente estrategia que los ayudará a combatir la ansiedad de mayores. Entendiendo que la ansiedad es un miedo generalizado que no podemos explicar, que es un temor interno a algo indefinido, que es esa sensación de intranquilidad a algo que no sabemos qué es; este tipo de actividad introspectiva y de reconocimiento de emociones es también un entrenamiento primario para enfrentar-combatir la ansiedad “normal”. 

            A partir de la edad escolar hay que comenzar también a entrenarlos en medir consecuencias y tomar decisiones, con las mismas directrices, sin dramas y dejando que sin excepción el niño corra con las consecuencias de sus actos. Por ejemplo:
  • Después de hacer tu tarea puedes jugar un rato, pero si no haces la tarea no puedes salir a jugar.
  • Si no estudias y aplazas el examen, no podrás ir a la fiesta el sábado.
            Asumir consecuencias y tomar decisiones, son habilidades importantísimas para la vida adulta que se aprenden en la infancia y que los padres deben incluir en la formación de sus hijos. Esas habilidades desarrolladas de manera consciente fortalecen la autoestima, el sentido de responsabilidad, el conocimiento de la capacidad para resolver problemas y forman parte de ese arsenal de destrezas necesarias para combatir eficientemente el estrés.


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